El Dalai Lama, Su Historia
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Su Santidad, El "Dalai
Lama" |
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Su Santidad, El "Dalai Lama" |
UN HOMBRE DE PAZ
El 6 de julio de 1935, en Taktser un pequeño pueblo de la
provincia de Amdo en el noreste del Tíbet, una familia de
campesinos celebró la llegada de su quinto
hijo.
Sus padres le llamaron Lhamo Thondup, que quiere decir
algo así como deseo realizado de la diosa. Así llegó al
mundo quien para los tibetanos es la decimocuarta
reencarnación de Chenrezig, el Buda de la Compasión, el XIV
Dalai Lama; para los chinos, o mejor dicho para el Partido
Comunista chino, uno de sus más acérrimos enemigos y para
una parte importante del resto del mundo, uno de los hombres
más importantes que ha ofrecido el siglo XX, capaz de llevar
adelante la dura y poco común coherencia de hacer lo que
predica y de haber adherido a una política de no-violencia
durante toda su vida, a pesar de los padecimientos de su
pueblo y de los ataques constantes contra su persona por
parte del liderazgo chino. |
Reconocido a los dos años por una comitiva que llegó hasta
su hogar siguiendo pistas basadas en visiones y señales, lo
que es común a la hora de buscar la reencarnación de los
altos lamas; debió abandonar su pueblo natal y dirigirse a
Lhasa donde sería entronizado como mayor líder espiritual de
los tibetanos un par de años más tarde. Recuerda en su
autobiografía que sus primeros tiempos en el Potala, el
palacio de los Dalai Lama en Lhasa fueron los más tristes de
su vida; la separación de su familia y el tener que vivir
con personas desconocidas en la frialdad del enorme Palacio,
fue sin dudas una experiencia ardua para un niño. Pero su
espíritu debería ir forjándose para experiencias mucho más
duras aún.
En 1949, la República Popular China invadió el Tíbet. El
pacífico pueblo de los Himalayas, profundamente espiritual y
fiel seguidor de las enseñanzas del Buda, vio dolorosamente
trastocada la realidad que había vivido hasta entonces. Mao
Tse-Tung sintió que debía cumplir la mesiánica misión de
liberar al Tíbet de los demonios imperialistas occidentales,
aunque según los tibetanos, no había más de diez
occidentales en el Tíbet en esa época. El techo del mundo
era un país aislado por entonces, ese aislamiento que los
tibetanos suponían los pondría a salvo de las hostilidades
del mundo exterior, se tornó en un aliado ideal para los
invasores. Probablemente el destino del Tíbet hubiese sido
otro, si en 1949 hubiese formado parte de las Naciones
Unidas creadas cuatro años antes.
Ante la situación límite por la que atravesaba su pueblo y a
pedido expreso de sus conciudadanos, Tenzin Gyatso asumió el
poder político de su país a la edad de 15 años; hasta
entonces los Dalai Lama asumían dicha responsabilidad al
llegar a la mayoría de edad, pero esta vez el Tíbet no podía
esperar. Seguirían luego varias reuniones con los militares
a cargo de las fuerzas de ocupación y un encuentro con Mao
en Beijing, en 1954, donde el gran timonel en el último
encuentro de ambos manifestaría su inapelable sentencia “la
religión es veneno”.
Hasta llegar a 1959, los esfuerzos por hacer más liviana la
ocupación -que ya venía cobrando cientos de víctimas entre
los tibetanos que se resistían a ella- fueron fracasando uno
tras otro. El 10 de marzo de ese año comenzó lo que quedaría
registrado para la Historia, como el levantamiento de Lhasa,
que no fue otra cosa que la expresión palpable de un pueblo
de manifestarse como dueño de su destino al tiempo que
intentaba poner a salvo a la figura que han idolatrado
durante siglos. Ante la inminencia de un ataque chino contra
su persona, el Dalai Lama debió abandonar Lhasa una semana
después. Cuarenta y ocho años después no ha vuelto a poner
un pie en su amado Tíbet, aunque 6 millones de tibetanos y
un número incontable de seguidores en todo el mundo ansían
que esté próximo el día en que vuelva a hacerlo. Su hogar
desde entonces, gracias a la inestimable generosidad de la
tierra del Buda, ha sido Dharamsala, un pueblo en las
montañas al norte de India, donde se constituyó el Gobierno
Tibetano en el Exilio. Allí lo han seguido y lo siguen cada
año miles de tibetanos que al escapar de Tíbet ponen en
peligro su vida, ya que los invasores chinos no dudan en
disparar, cuando los descubren en el intento.
Durante este doloroso y largo tiempo de desarraigo, el
Gobierno en el Exilio se ha convertido en una democracia.
Merced a los numerosos viajes del Dalai Lama, los lazos con
Occidente se han incrementado notoriamente, llevando a que
su figura se haya transformado en un referente en muchos
lugares del globo. En lo que ha supuesto una renuncia
difícil de entender para quienes adhieren al concepto de
autodeterminación de los pueblos, el Dalai Lama ha abdicado
de sus reclamos por independencia, sustituyéndolos por un
pedido de mayor autonomía del Tíbet dentro de la República
Popular de China, lo que es conocido como su Enfoque del
Camino del Medio. A pesar que desde 2002 hasta el presente
se han llevado a cabo cinco rondas de negociaciones entre
los enviados del Dalai Lama y representantes de Beijing, las
autoridades chinas siguen sin creer en la sinceridad del
planteamiento del líder tibetano y cada vez que pueden lo
acusan de separatista.
El Enfoque del Camino del Medio es un supremo esfuerzo por
intentar preservar la identidad tibetana de lo que ha
venido siendo durante décadas un genocidio cultural que la
comunidad internacional ha sido incapaz de detener. |